miércoles, 17 de agosto de 2011
Río Dulce
Dulce derrota
Se ha ido sola a comprarlas ya que el bar está justo al lado de innova. Cuando Cecilia y yo nos hemos dado cuenta que hacía demasiado rato que había salido hemos decidido que había que ir en su rescate. Como buena pareja de proyecto he ido a buscarla y simplemente se había retrasado porque delante de ella habían ordenado otra pareja y también porque el chico de las crepas era del Barça y estaban comentando la jugada. Una vez en Innova las hemos devorado. ¡Estaban deliciosas!
Un beso a todos!!
martes, 16 de agosto de 2011
El final se acerca
Es una penita porque aquí no paramos de sorprendernos con todo lo que pasa y de conocer cosas maravillosas. Es un país donde hay unos paisajes impresionantes y la gente es muy agradable. Es verdad que tienen mucho que mejorar pero de ellos también se pueden aprender muchas cosas. No precisamente de Ángela, la chica que "limpia" los chocoyos ya que encima que no limpia se trae a toda la familia a comer aquí y nos deja la cocina muy sucia y desordenada.
Un beso
Santa Jair
hoy escribo más tarde ya que ayer llegamos a casa demasiado tarde y estaba demasiado agotada para escribir cosas cuerdas e interesantes.
Ayer fue el día de mi santo. Gracias a mis compis fue un día muy bonito y con sorpresa incluida. Por la mañana Lidia ya se despertó felicitándome por todo lo alto. Como es rutina fuimos al trabajo y fue un día intenso. Estuvimos vaciando encuestas y algunas respuestas eran muy muy divertidas así que nos echamos unas risas. A la hora de comer como no teníamos provisiones en casa decidimos ir a comer a un restaurante que me gusta mucho pero mucho. Dan el mejor pollo frito de Guatemala seguro. La sorpresa llegó en el postre cuando vino un camarero con tarta a desearme un feliz cumpleaños. Sí me felicitó el cumpleaños pese a que Lidia había insistido en que era mi santo.
Por la tarde después de otra media jornada de trabajo intensa decidimos ir al cine a ver súper 8. Después de la magnífica sorpresa de la comida decidí invitar yo. La película estuvo realmente bien, os la recomiendo a todos los que leáis el blog. Al salir de la película dejó por unos instantes de ser todo tan bonito. Hubo una mini discusión entre Nacho y yo. Fue un malentendido pero me sentó mal y yo salté como una tigresa. Luego lo hablamos y ya todo está fenomenal otra vez.
Ya que estamos adelanto cositas de hoy. Cuando hemos llegado a las 8 en punto a Innova nos hemos encontrado un ragalito de Papá Noel en la puerta. Resulta que ha llegado un pedido y lo habían dejado todo en la calle porque no había nadie para recogerlo. Esto es un caos!! Si lo roban no pasa nada, como diría Nacho "To pagao".
Un besazo
Belice
Diálogo en "inglés" con el vigilante de la zona de la piscina del Hotel Princess de Belice City: "¿Cuántos millones de habitantes tiene Belice?", pregunto yo. "¿Cómo?", me dice extrañado. Cambio de estrategia: "¿Cuánta gente vive en Belice?". "Alrededor de 300.000 habitantes", me contesta. "¿Sólo?", ¿en serio? Se ve que sí, eso dice Wikipedia. Y al vigilante del Hotel Princess sus conciudadanas no le parecían buenas candidatas para elegir a una esposa. No sé muy bien si es porque la oferta es limitada o si se trata más bien de que "vosotros los norteamericanos estáis muy bien preparados, sois muy inteligentes". Ya le podíamos decir que éramos "from Spain", que él seguía con su estrategia. Cuando confesó que tanto él como su primo sabían desde niños que se casarían con una blanca (cabe destacar que la población de Belice es negra), que su primo ya lo había logrado y que él a sus 45 años aún seguía buscando la chica blanca adecuada, decidimos que era el momento adecuado para poner punto y final a una agradable tarde en la piscina y fingir una repentina prisa por ir a cenar (atención, eran las 17:30h). Pero es que una mirada alrededor bastaba para saber que éramos las únicas blancas en varios metros a la redonda y que seríamos el objetivo en el corto plazo.
Los guatemaltecos y los beliceños son completamente diferentes. Una frontera bastante surrealista ya te anticipa que aquello puede ser interesante. Docenas de hombres se dedican al cambio de moneda. Ofrecen dólares de Belice a quienes van a entrar en ese país y quetzales a quienes entran a Guatemala, llevándose una buena comisión. Una carretera sin vida desde allí que cuesta dos horas recorrer te lleva a Belice City, que es la ciudad más poblada, aunque no la capital. Nosotros viajamos con la compañía Línea Dorada, con un conductor que ya me caía mal desde el principio, desde el momento que salimos de Flores (Guatemala). A Jair le había recriminado que no viajáramos con ellos en la vuelta y a mí me había metido bronca por abrir las ventanas mientras esperábamos en la frontera. "Es que luego hay que cerrarlas", me dijo. "No se preocupe, que cuando me lo pida yo se las cierro. Lo que pasa es que ahora no veo por qué tienen que estar cerradas y nosotros ahogándonos", le contesté, y las dejé todas abiertas. Pues bien, llegamos al puerto de la ciudad, donde se suponía que se terminaba el viaje, y le preguntamos: "¿Queda muy lejos el hotel? ¿Nos puede acercar, por favor?". Y él dijo: "Lejos no, aquí cerquita. Yo les acerco por... 100 quetzales los 3". "¿Cómo? ¿100 quetzales? ¡Pero si esta mañana nos han cobrado 20 en Flores!", respondimos. "Mire, que aquí todo es muy caro en Belice. Un taxista de aquí les cobraría 10 dólares beliceños a cada uno" (30 dólares de Belice serían 118 quetzales), argumentó, y luego empezó con unas explicaciones del tipo de cambio que sólo él entendía. Yo le dije que como mucho le pagábamos 25 quetzales cada uno y que ya me parecía una barbaridad por 5 minutos, y él con cara de víctima: "La voluntad, señorita, yo sólo lo hago por hacerles el favor". Sí, claro. Los dos taxis que agarramos posteriormente nos cobraron siempre 10 dólares beliceños (40 quetzales) a los tres por ese mismo recorrido. Aún me arrepiento de no haberme bajado del micro bus sin pagarle nada a ese mentiroso.
Con ese cabreo entramos al hotel, y pareció que nos trasladábamos a una película en el sur de los Estados Unidos de los años 50. Personas negras al más puro estilo afro que hablaban un inglés que ni poniéndole mucho interés se entendía. Además no tienen ni una gota de la amabilidad que suelen tener los guatemaltecos. ¿Pero que no se supone que tienen que atraer turismo? No, se ve que en Belice City no. Es más, casi no habían turistas. Éramos el objetivo de todas las miradas. Los turistas que habían sido lo suficientemente listos como para informarse bien antes de reservar un hotel agarraban un barquito que los llevarían a las paradisíacas islas del país. En la ciudad hay mar, cierto, pero no hay playa, así que de poco sirve tener vistas al Caribe si no te puedes bañar. Consejo para los lectores: si van a Belice, vayan directamente a San Pedro o a Cayo Caulker. Nosotros hicimos una excursión allí y es lo único que vale verdaderamente la pena del país. Para los que hayan ido a Punta Cana, es como Isla Saona II por las abundantes palmeras, la arena blanca y el agua cristalina, pero con civilización.